El crecimiento de la capacidad de cómputo exige repensar cómo se alimentan, se refrigeran y se mantienen las instalaciones que sostienen la economía digital.
El crecimiento de los centros de datos está transformando las exigencias de la infraestructura de misión crítica (mission critical). Como profesional vinculado a este sector, mi investigación busca comprender cómo la evolución de la inteligencia artificial se traduce en necesidades concretas de energía, refrigeración, conectividad y continuidad operativa.
La inteligencia artificial suele asociarse con algoritmos, información y capacidad de procesamiento. Su funcionamiento, sin embargo, depende de una infraestructura física cuyos sistemas deben trabajar de manera coordinada durante toda la vida útil de la instalación.
La inteligencia artificial suele asociarse con algoritmos, información y capacidad de procesamiento. Su funcionamiento, sin embargo, depende de una infraestructura física cuyos sistemas deben trabajar de manera coordinada durante toda la vida útil de la instalación.
Las cifras permiten dimensionar este desafío. Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo eléctrico mundial de los centros de datos alcanzó aproximadamente 485 teravatios-hora (TWh) en 2025, con un crecimiento del 17 % respecto al año anterior. En ese mismo período, el consumo de las instalaciones orientadas a inteligencia artificial aumentó un 50 %. Su proyección central publicada en 2026 sitúa el consumo total del sector en alrededor de 950 TWh para 2030, equivalente a cerca del 3 % de la demanda eléctrica mundial. Esta proyección comprende al conjunto de centros de datos, no exclusivamente a los dedicados a inteligencia artificial.
La transformación también ocurre dentro de las instalaciones. La misma fuente señala que la densidad de potencia de los servidores de inteligencia artificial se multiplicó por once entre 2020 y 2025. Desde la ingeniería, esta concentración exige revisar la distribución eléctrica, la extracción de calor y las condiciones de mantenimiento de los gabinetes.
Mi lectura profesional de estos indicadores es que debemos evaluar conjuntamente la capacidad de procesamiento y la infraestructura que permite utilizarla de manera confiable. Esta perspectiva coincide con uno de los planteamientos del informe Future of Data Centres: A Strategic Foresight and Market Report: la expansión de los centros de datos está estrechamente vinculada con la disponibilidad de energía, los recursos naturales y la ubicación de las instalaciones.
A partir de mi investigación y de la revisión de literatura especializada, en este artículo comparto criterios técnicos para responder a una pregunta: ¿estamos preparando la infraestructura física para sostener las nuevas cargas de cómputo con seguridad, eficiencia y continuidad durante toda su vida útil?
La disponibilidad eléctrica comienza antes del diseño:
La selección de un emplazamiento requiere estudiar la potencia que puede suministrar la red, los plazos de conexión, la calidad del servicio y las posibilidades de ampliación. Estas condiciones influyen en la viabilidad del proyecto y en su calendario de crecimiento.
También es necesario distinguir entre la potencia destinada a los equipos de tecnología de la información la carga informática o carga TI y la demanda total de la instalación. La refrigeración, las pérdidas en la conversión y distribución de energía, la iluminación y otros servicios agregan consumo.
Por ello, una capacidad anunciada en megavatios necesita contexto:
¿corresponde a carga informática, capacidad contratada o capacidad total del proyecto?
Confundir estas magnitudes puede distorsionar la evaluación técnica y económica.
También conviene diferenciar potencia y energía: los megavatios expresan potencia, mientras que los megavatios-hora o teravatios-hora expresan energía consumida durante un período.
La disponibilidad eléctrica debe analizarse junto con la continuidad operativa. Los sistemas de alimentación ininterrumpida, la generación de respaldo, la autonomía y los procedimientos de transferencia forman parte de una estrategia cuyo desempeño debe comprobarse mediante pruebas.
La densidad por gabinete transforma el problema térmico:
Dos salas con igual potencia informática pueden presentar exigencias muy diferentes si una concentra esa potencia en pocos gabinetes. La carga total ayuda a dimensionar la instalación, pero su distribución determina las condiciones locales de alimentación y refrigeración.
La densidad de potencia condiciona cuánto calor debe extraerse de cada zona, las conexiones eléctricas necesarias y el espacio disponible para mantenimiento. Evaluar únicamente la carga promedio puede ocultar concentraciones térmicas que comprometan la operación.
En términos prácticos, casi toda la energía eléctrica consumida por los equipos informáticos termina convertida en calor. A medida que aumenta la potencia instalada, también crece la necesidad de transportar ese calor hacia un sistema capaz de disiparlo.
La refrigeración por aire exige controlar caudales, temperaturas, recirculaciones y separación de corrientes frías y calientes. Cuando las características de los equipos y las condiciones del proyecto lo requieren, pueden incorporarse soluciones de refrigeración líquida.
Estas soluciones añaden variables de ingeniería: calidad del fluido, compatibilidad de materiales, presión, detección de fugas, mantenimiento y capacidad de rechazo térmico. Capturar el calor mediante un líquido no elimina la necesidad de disiparlo fuera de la instalación. La evaluación debe abarcar el recorrido térmico completo, desde el componente hasta el punto final de rechazo de calor.
La confiabilidad depende del recorrido completo de la energía:
La continuidad del servicio exige evaluar toda la cadena de alimentación, desde la acometida hasta la conexión final del equipo.
Transformadores, tableros, protecciones, conductores, sistemas de transferencia y unidades de distribución deben seleccionarse como partes de un mismo sistema. La coordinación de protecciones, las condiciones de instalación y la accesibilidad para mantenimiento influyen directamente en el resultado.
La puesta a tierra y la unión equipotencial también requieren atención desde el diseño. Contribuyen a la seguridad eléctrica y, junto con el recorrido de la corriente de falla previsto para el sistema, permiten establecer las condiciones para la actuación de las protecciones.
La redundancia debe acompañarse de independencia entre recorridos y de procedimientos operativos claros. Dos alimentaciones pueden compartir un punto cuya falla comprometa ambas; identificar esas dependencias forma parte del análisis de confiabilidad.
Además, el desempeño debe evaluarse durante el mantenimiento y las condiciones de contingencia. Una infraestructura confiable necesita permitir intervenciones planificadas y responder a fallas de acuerdo con los objetivos de continuidad definidos para el proyecto.
La conectividad también debe acompañar el crecimiento:
La capacidad de procesamiento requiere una infraestructura de comunicaciones que permita intercambiar información entre equipos y servicios.
El diseño debe considerar las rutas de cableado, la diversidad de entradas, la capacidad de expansión, la identificación de conexiones y la accesibilidad para realizar cambios. La concentración de equipos también obliga a coordinar el cableado con la distribución eléctrica y la refrigeración, evitando obstrucciones y dificultades de mantenimiento.
La documentación y las pruebas de los enlaces permiten verificar el desempeño inicial y facilitan el diagnóstico posterior. Una infraestructura ordenada y trazable reduce la incertidumbre durante ampliaciones, movimientos de equipos y atención de incidentes.
Eficiencia energética y consumo de agua deben evaluarse juntos:
Una evaluación ambiental útil necesita observar varias dimensiones y considerar las condiciones reales de operación.
El indicador PUE relaciona la energía total consumida por el centro de datos con la energía utilizada por sus equipos informáticos durante el mismo período. Permite analizar el consumo de la infraestructura de soporte, pero por sí solo no describe la eficiencia del procesamiento ni el impacto ambiental completo.
También deben considerarse el origen de la electricidad, el consumo de agua, las condiciones climáticas y el comportamiento a cargas parciales. Las comparaciones requieren límites de medición y períodos equivalentes para que sus resultados sean interpretables.
Una alternativa que reduzca el consumo eléctrico puede aumentar la demanda de agua. Por ello, la decisión requiere estudiar el emplazamiento, la disponibilidad de recursos y las restricciones locales, además del desempeño nominal de los equipos.
Diseñar para crecer exige prever las interfaces:
Preparar un centro de datos para futuras ampliaciones implica reservar capacidad eléctrica, espacio, rutas de distribución y posibilidades de expansión térmica.
También exige definir cómo incorporar nuevos equipos sin comprometer los servicios existentes. Las interfaces entre sistemas eléctricos, térmicos y de comunicaciones deben contemplarse desde las primeras etapas del proyecto.
La documentación, la identificación de circuitos, el monitoreo y las pruebas de puesta en servicio permiten verificar que esa capacidad de crecimiento existe y puede utilizarse bajo condiciones controladas.
Desde mi perspectiva profesional, los indicadores de crecimiento deben traducirse en decisiones concretas de ingeniería. Cada incremento de capacidad de cómputo exige comprobar qué ocurre con la alimentación, la extracción de calor, la conectividad y el mantenimiento.
El futuro de los centros de datos depende de nuestra capacidad para integrar estos sistemas y sostener su desempeño durante toda la vida útil de la instalación. Ese es el compromiso de la infraestructura de misión crítica con la economía digital.
Fuentes y reconocimiento:
- Agencia Internacional de Energía. Key Questions on Energy and AI (2026). Fuente de las estadísticas de consumo eléctrico, crecimiento y densidad de potencia, así como de la proyección para 2030. Las proyecciones representan escenarios de evolución y están sujetas a incertidumbre.
- Kuosa, Tuomo; Mäki-Teeri, Marianna; Stucki, Max; y Ota, Shiori. Future of Data Centres: A Strategic Foresight and Market Report, primera edición, 2026. Fuente de inspiración para el análisis de las relaciones entre infraestructura digital, energía, recursos y emplazamiento.
- Artículo de elaboración propia, basado en investigación y análisis de literatura especializada, con desarrollo técnico independiente. No constituye una traducción de los informes citados.










